Suiza y Austria 2018 – Día 4: Ginebra

Aparcamos por la zona de los edificios de la ONU, en un parking que queda bastante alejado del centro, muy cerca del Alto comisionado para los Refugiados.

Allí podemos ver una de las esculturas más impactantes de la ciudad, The Broken Chair (la silla rota), que simboliza la barbarie de las minas antipersonas de manera muy directa. Al observarla es imposible no pensar en el daño que hacen esos odiosos artefactos.

Empezamos a bajar hasta la Rue de Mont-Blanc, que tras una buena caminata nos deja en el puente del Roine, pasadizo a cruzar para llegar a la Vielle Ville y la zona comercial de Rue Basses.

No se puede negar que la ciudad es bonita y, pese a las fechas estivales, relativamente tranquila; pero también es cierto que no es tan espectacular como otras ciudades europeas. La arquitectura sobria y amplia la hacen una ciudad cómoda para vivir, pero resta espectacularidad a la visita.

Puente de Mont Blanc

Calles largas y abiertas, y empinadas cuestas por las que callejeamos sin prisa hasta llegar a la catedral, desde donde tienes unas bonitas vistas.

Subimos a la Noria para ver la ciudad desde las alturas y paseamos por la orilla del lago y el Jardín Inglés, donde está el famoso Reloj Floral del que (cosa extraña) no encontramos fotografía alguna.

Seguimos caminando por la orilla del lago Lemán hasta llegar al famoso Jet d’eau, que pese a ser un simple chorro, tiene cierto magnetismo. Después de agradecer la fina lluvia del chorro nos vamos a una de las zonas de “playa”, a orillas del lago, donde refrescarnos cuando el sol está en todo su esplendor.

Jet d’eau

Playa de los Bebés

Otro de los grandes atractivos de la ciudad son sus cuidados parques, done poder reponer fuerzas con un bocado, o simplemente descansar un poco y retomar fuerzas.

Tras el chapuzón, volvemos callejeando hasta el coche, que queda a un buen trecho y hemos caminado de lo lindo.

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