NZ 2013 – Día 3: Fairlie – Akaroa

Ficha:

Km inicial: 482     Km final:  728    Trayecto: 246 km.

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El  día arranca con una fina lluvia al salir de Fairlie y parece que nos va a acompañar durante toda la jornada. Pero a medida que deshacemos el camino recorrido dirección Chirstchurch, la amenaza se desvanece y, aunque no sale el sol y hace un viento frío un poco molesto, nos dejan continuar con nuestros planes sin muchos problemas.

Cuando llegamos al desvío de la península de Banks el paisaje cambia. El terreno empieza a ganar altura y pronto estamos disfrutando de unas espectaculares vistas, que nos hacen parar en cada recodo ganado a la carretera para disfrutar de un paisaje repleto de bahías y rincones de película.

 

  
Finalmente llegamos a las 13:10 al i-site de Akaroa, a preguntar por las salidas para ver delfines. Al ser invierno solo hay una partida diaria, a las 13:30 h. Nos quedan apenas 20 minutos por lo que nos vamos a toda prisa al Black Cat Cruisers

Nos hubiera gustado mucho poder nadar con ellos, pero la temporada no se abre hasta septiembre así que nos evitan el tener que decidir entre pasar un frío del carajo y la fantástica sensación que tiene que ser verse rodeado de tan bonitas criaturas. 
Existen dos poblaciones principales conocidas, una en cada lado de la isla sur. La población total se estimó en alrededor de 3.500 ejemplares en la década de 1980. En 2005 se estimó la población de la isla Sur en unos 7.270 individuos y para 2006 La subespecie de la isla Norte se calculó en 111 delfines.
Este delfín en 2008 fue incluido en la Lista Roja de la UICN, como especie en peligro de extinción (EN del inglés Endargered). La amenaza más significativa para la especie es la captura accidental por dispositivos de pesca. Desde 1970 a la fecha, se cree que esto ha causado la reducción en un 50% la población. En 1988 se creó una reserva en la Península de Banks, donde se prohíbe la pesca con redes. Esto ha detenido la disminución de ejemplares, pero todavía no se ha registrado un incremento. Otras amenazas como el choque con hélices navales puede estar impidiendo el retorno a la estabilidad (fuente: wikipedia).
Esperemos que las medidas adoptadas para su conservación, así como los ingresos que proporcionan debido al turismo sean un cóctel suficiente para que se gire la tortilla en los próximos años.
El paseo en barco pasa por una zona de acantilados con hermosas cuevas y altas cascadas El guía da mucha información sobre la llegada de los franceses a este lugar y la confrontación con los maoríes, pero entre el viento y el acento que tienen no conseguimos captar mucho de lo que explica, lo que es una pena.

 

 

Unos instantes de espera y ¡Zas! aparecen repentinamente de lado a lado de la embarcación, saltando y sumergiéndose rápidamente. Entre el oleaje y el intento de grabarlos, el mareo empieza a hacer acto de presencia en mi cuerpo.
Disfrutamos mientras nos dejan y, al verlos, nos entran unas ganas locas de habernos podido bañar con ellos. Aunque con el frío que hacía lo más probable es que hubiéramos agarrado un buen resfriado, como el que llevaba Melania desde Dubái.

De regreso a puerto Ferran se queda dentro de la cabina y nosotros aprovechamos para montar en la montaña rusa que se había convertido la proa. En unos acantilados, vemos a los lejos unas pequeñas focas que corren asustadas por las piedras a nuestro paso.
 


Llegamos al pueblo y vamos a comer algo rápido, pues no nos queda mucha luz y queremos conocerlo. Nos saciamos en un grasiento Fish & Chips, la comida nacional del país (lástima, con el pescado que tienen y lo rico que estaría a la plancha).

Akaroa significa “Puerto Largo” en Maorí y tiene entre su población a muchos descendientes de aquellos primeros colonos, lo que hace que tenga un toque afrancesado en los nombres de las calles y las calles. Es un pueblo muy tranquilo (en invierno), muy bonito y muy pequeño, pese al significado original de su nombre.


Paseamos hasta el faro, en uno de sus extremos, y volvemos a buscar la autocaravana, pues la verdad es que estamos cansados y tenemos unas agujetas del copón tras los escalones de Mt. Cook.


Tomamos una cervecita en un garito y nos vamos al parking público del puerto más alejado, donde nos han comentado que podemos hacer noche sin problema. Cenamos y a las 19:30 de la tarde el personal está que se cae de sueño, por lo que me veo obligado a irme a dormir sin tomar la birra final, ritual que empezaba a instaurarse y que detallaré en sus respectivas entradas en Tortubeer.
 
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