NZ 2013 – Día 12: Franz Josef Glaciar – Un área perdida pasado Reefton

Ficha

Km inicial: 2709   Km final: 2995     Trayecto: 286 km
 ¡Hoy ha sido un día espectacular en todos los sentidos!
Amanece con un sol espléndido en el camping de Top10 y tras las tareas domésticas nos vamos a informar de los vuelos en helicóptero por los glaciares.
Por estar alojados en la cadena Top10, nos hacen un descuento, cosa que no va nada mal, pues la verdad es que los precios, pese a no ser desorbitados, tampoco es que sea barato.
Finalmente, decidimos hacer el vuelo sencillo, que cuesta 225 NZ$ y que con el descuento se queda en 195 NZ$ (125 €) por persona. Como es algo que probablemente no repetiremos en la vida, decidimos rascarnos el bolsillo.
El vuelo no defrauda. Además de la sensación al elevarse el aparato, con una suavidad pasmosa, el hecho de que esté prácticamente todo acristalado, hace que tengas una visión total, convirtiendo el vuelo en una experiencia genial en todos los sentidos.

Nos elevamos suavemente

Sobrevolamos la zona, lo que nos permite tener unas perspectivas imposibles de alcanzar en una ascensión a pie, y hacemos una parada en una pequeña explanada en las nevadas cimas de las montañas aledañas, mientras el guía nos explica curiosidades sobre el glaciar.

A mi me tocó de copiloto

Las vistas son espectaculares
Parece que nos hayamos posado en un pastel de nata. La sensación es muy gratificante, pues además (como no) estamos solos en el lugar, lo que le añade espectacularidad a la escena..

Las vistas de las cumbres son geniales

Una vez en tierra, aun emocionados por la experiencia, vamos al super a comprar un par de cosillas y nos encontramos con una madrileña la mar de simpática que está trabajando allí.
Hablamos un rato y nos confiesa que, pese a que el país es espectacular, lo cierto es que también es muy aburrido y echa en falta a su familia y el bullicio de su tierra. Nos despedimos (pues aunque nos ofrece su casa para esa noche, tenemos que hacer ruta) nos explica un par de lugares para visitar, especialmente uno cerca de Kaikoura, donde hay una colonia de focas bebé. ¡Esperamos encontrarlas!
Tras la charla, nos vamos a hacer el pateo hasta la lengua del glaciar (1:30h). El fácil y plano camino va por la morrena, a un costado del río, flanqueados por pedregosas ladera de piedra pulida por la fuerza del hielo y por las que se deslizan numerosas cascadas.

Fácil camino hasta la lengua del glaciar

Al llegar al final, el camino lo cortan unos 300 m antes del inicio de la lengua en sí, con unas vistas algo decepcionantes. Una escueta y fácilmente pasable señalización nos prohíbe seguir más alla. Obviamos nuestros instintos latinos de no respetar los carteles, pues también entendemos que la zona es muy turística y la cantidad de mujeres en tacones y locos con el colesterol a 500 que se deben acercar por allí al cabo del año, implicaría que tendrían que colocar un hospital allí mismo si dejaran paso a la zona complicada. Así que nos volvemos a la furgo un tanto desencantados.

Emprendemos ruta hacia nuestro próximo destino hasta que a eso de las 19:30 encontramos un recodo perdido en la carretera señalizado como zona de picnic que nos parece ideal para pasar la noche. Aquí llega la última sorpresa del día (y una de las mayores de todo el viaje).

Entramos con la caravana en el replano, cuando de repente vemos algo que se mueve en la hierba… Atónitos no podemos creer lo que grita Ferran al volante: «¡Hay un kiwi! ¡Un kiwi! ¡Rápido… la cámara!». Nos levantamos como un resorte de la parte trasera donde viajamos y, ante nuestros ojos, un pequeño kiwi deambula tranquilamente delante de los focos de la furgo.
Ferran sale a grabarlo para protagonizar una de las escenas del viaje. Un ruido sospechoso en el bosque le hace retroceder, y entra acojonado en la furgo, cual secuencia de peli de terror. Para su deshonra, eso queda inmortalizado en la cámara de video y será colgado en Youtube para la posteridad.

The Kiwi Blair Project
Una vez más tranquilos, vemos que nuestro pequeño amigo no se inmuta apenas, ni ante nosotros (que hemos armado un escándalo mercadillero considerable), ni ante los focos, ni ante el ruido a tanque oxidado de la furgo.
El tema es que la chica del parque de kiwis en Queenstown había comentado que ver un kiwi en libertad es algo casi imposible, pues tienes que irte a una zona deshabitada en medio del bosque, permanecer en absoluto silencio y además tener la suerte del euromillón. No sabemos si es algo que se dice a todos los turistas, o verdaderamente ese día nos tocó la lotería, pero lo cierto es que estuvimos grabando y haciendo fotos al bichejo hasta que nos cansamos.
Alucinados con tantas experiencias en un solo día, nos vamos a dormir, aunque uno de nosotros más acojonado que el resto por si el misterioso monstruo que habita en el bosque colindante, se le ocurre comernos por la noche….
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