Me gusta el sabor del Frenadol

Lo sé, es una gilipollez!. Pero a mí, me gusta. Ese saborcillo a zumo de naranja de tetabrick del malo pasado, amargo como la leche y con ese colorcillo amarillo que parece sacado de una pócima de Yaya Ceravieja (entrañable y simpática bruja del Mundodisco de Pratchett). Normalmente soy reacio a comprarlo, aunque en este último resfriado he podido constatar que me ha ido muy bien.

Quizá sea que me da miedo engancharme y luego ya me veo en el Centro Reto – Proyecto Hombre: “Lo reconozco soy frenadoladicto. Soy un enfermo!”. No queda muy bien; uno tiene una mala reputación que debe conservar…

En fin, lo dicho; voy a tomarme mi dosis del mediodía (Horror!!! Sólo me quedará para la de esta noche!!!) y a ver si me pongo a hacer algo que ya toca (en realidad, tocaba hace bastante rato…).

P.D.: No sé de que os estrañáis, seguro que en más de un bar os han puesto un cubata garrafón que sabía bastante peor y os lo habéis bebido, incluso habéis repetido (lo digo por experiencia)

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