Hasta la concha del Aneto

Con un grupito de compis del CER, nos decidimos a realizar una ascensión que hacía tiempo que tenía en mente. El Aneto (3.404 m.)

Aconsejados por el güelo Joan, nos decantamos por subir por Coronas, pues según él, es mucho más bonito y menos concurrido. El desnivel es de unos 1.400 m.

Arrancamos desde Senarta en el primer bus de la mañana (a las 5:15h) y poco antes de las 6 h iniciamos la ruta. Para no perder las malas costumbres, no me acuerdo de llevarme el frontal, con lo que el ascenso hasta el Ibonet de Corones, primero de los ibones que nos encontraremos hasta el collado, lo hago tropezando con todas las piedras del camino y “robando” un rayito de luz de cada frontal que pasaba por mi lado. Menos mal que aquello era como la marabunta y no hubo excesivos problemas.

El camino es sencillo pero muy pedragoso, con lo que es necesario tener cierta destreza en este tipo de caminos para progresar con cierta fluidez.

Poco a poco, siguiendo las fitas y perdiéndonos de tanto en tanto, vamos progresando entre ibones hasta llegar a la base del Coll de Corones. El camino es entretenido, pero sin ninguna problemática. Eso sí, gana altura constantemente. Una vez en la base, hay que grimpar unos metros hasta llegar al coll, donde vemos el glaciar y nos reunimos con el resto de excursionistas que llegan desde la Renclusa. Aunque estamos en pleno verano, el glaciar tiene nieve y hielo, por lo que es indispensable llevar grampones. El piolet, a priori, en verano no es necesario, aunque si se lleva nunca está de más.
 

Maldecimos un poco mientras ajustamos los grampones por falta de práctica y continuamos el camino, que desde este punto sube con más suavidad.

Un esfuerzo más y llegamos al Paso de Mahoma, donde habría como unos dos millones de personas sin exagerar, tres millones exagerando.

Esperamos pacientemente un hueco y zas, en cuanto podemos pasamos hasta llegar a la cruz.

Debibo a la aglomeración, no pudimos pasar todos a la vez, así que en la foto solo salimos Joan y yo.

Comemos un poco e iniciamos el descenso que, por ciertos problemillas, se nos alarga más de lo que pensábamos con lo que llegamos abajo de noche, sin posibilidad de coger el bus de vuelta. Solventamos el tema y finalmente llegamos a casa, donde nos esperaban con cierta preocupación.
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