GR107 (Prolongación) – Camí dels Bons Homes – Etapa 2: La Coma – Odèn

Ficha

Recorrido: La Coma - Odèn
Distancia: 26,5 km
Desnivel acumulado
Subida: 1.130 metros
Bajada: 900 metros
Dificultad: Media - Alta

grupoCerramos la prolongación del GR107 con una nueva iniciativa pensada por las mentes brillantes que dirigen el CER. Para acrecentar la sensación de germanó y caliu en el grupo, empezamos en esta salida una serie de actividades programadas con el único afán de afianzar los lazos que nos unen. La primera de estas actividades se llamó: “Amanecer sobre el río Ripoll”, e invitaba a reflexionar sobre la relación del hombre con el pato urbano, que ha vuelto a poblar las aguas de nuestro río. Lástima que algunos de nuestros socios no supieran ver este esfuerzo, y pensaran que el hecho de esperar una hora a las 6 de la mañana, se debía únicamente a que había habido un error de gestión con los autobuses. ¡Vaya panda de desagradecidos!

Bueno, una vez aclarado el tema, llegamos a nuestro destino y empezamos a caminar con el petardo en las posaderas. La etapa es durilla, pues a pesar de la información, en realidad está más cerca de los 30 km que de los 27, y 1130 m de subida es algo que ya empieza a ser serio.

isardEl primer tramo hasta Sant Llorenç de Morunys alterna pistas y tramos asfaltados por zona más o menos urbana, y no es especialmente bonito. Eso sí, avanza en una suave bajada que permite calentar las piernas para lo que se nos viene a continuación. Para amenizar el camino, alguien con cierta afición a la hierba y a las manualidades nos deja esta pequeña reflexión que invita a hacer volar nuestra imaginación (mucho).

Una vez dejamos atrás el pueblo, empieza el gran aliciente de la salida, el ascenso al Mirador de la Creu del Codó, una bonita pero exigente subida que nos permite disfrutar de unas espléndidas vistas de la Vall de Lord (of the Rings – lo siento no puedo evitar ser friki), que quedaban eclipsadas por una neblina que entelaba el paisaje. Este desvío, totalmente evitable y fruto de la perversa mente de Patxi, nos permitió no repetir buena parte del tramo de GR que ya habíamos hecho.

Ni qué decir que algunas personas utilizaron este repechón para hacer una malsana asociación de ideas con el tema del autobús y dirigir pensamientos de dos rombos hacia la organización del CER, siempre dispuesta a promover retos entre sus queridos socios. Patxi debió sentir un cierto pitido en los oídos durante este tiempo.

Vall de Lord

Vall de Lord

Una vez en el mirador y recuperado el aliento (y algún que otro hígado) empezamos a descender para volver a retomar el camino principal por el Barranc de les Salines, que nos deja bonitas vistas flanqueadas por hermosas paredes de caliza naranja.

Barranc de les Salines

Barranc de les Salines

arbol rojoEn mitad del camino encontramos un gran mas con este extraño árbol pintado de color rojo que nos hace pensar que o bien se trata de un artista incomprendido (y con razón) de la zona con un más que dudoso gusto, o bien estamos ante las puertas del primer burdel de alta montaña que he visto nunca. No obstante, no parecía haber mucho movimiento para que nos pudiesen aclarar esa duda existencial.

Comemos para recobrar fuerzas, pues aún nos queda un trecho importante para llegar a Odèn, y no precisamente plano. Alguno se lo mira con un cierto resquemor… ¿Habrá que subir allí?…

pensando

A medida que nos vamos acercando, observamos nuestro destino, sobre un imponente risco que augura un nuevo sofoco. En teoría sólo nos quedan 3.5 km para llegar, pero Odèn parece que está en el quinto coño pino. Pero no hay que olvidar que somos los Power Ranger del excursionismo y que 25 km no son nada, así que pies a la obra… pasito a pasito llegamos al fin de etapa, como diría Jan: “jodidos pero contentos”.

Eso está en la loma ¿no?

Eso está en la loma ¿no?

La siguiente salida empezaremos con el Camino del Último Cátaro (sí, la cosa está un poco monotemática) que se ambienta en la historia de Guilhem Belibasta, el último perfecto o sacerdote cátaro conocido, que ha sido plasmada en la novela El cátaro imperfecto, del periodista y escritor Víctor Amela. Para que digáis que desde el CER no se promueve la lectura.

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