Camino del Último Cátaro – Et 1.: Gósol – Molí de Fórnols

Ficha técnica:
Distancia: 17.08 km
Desnivel de subida: 450 m
Desnivel de bajada: 900 m
Dificultad: media

Los Power Rangers del CER vuelven a las andadas, esta vez recorriendo el camino del último cátaro, Guilhem Belibasta, el último perfecto o sacerdote cátaro conocido, plasmado en la novela El cátaro imperfecto, del periodista y escritor Víctor Amela. La verdad es que por lo que puede parecer, estamos un poco repetitivos últimamente, con los cátaros…, ¡pero todo tiene un por qué!

El camino nos lleva de nuevo a Gósol, donde como bien dice Patxi, pronto nos van a empadronar (o echar a pedradas por pesados). Al contrario que en la última ocasión, en la que caían chuzos de punta, el tiempo nos depara un día magnífico, que permite tener unas vistas del Pedraforca fantásticas.

Pedra

Hay que decir que sin duda esta es la etapa que más nos gusta a muchos de nosotros, no porque sea la más bonita paisajísticamente hablando, ni por esconder perlas arquitectónicas, ni por el recorrido, donde la pista es protagonista en muchos tramos… ¡no! Ésta es nuestra etapa predilecta, porque si uno se lo monta bien, es capaz de poder parar en 4 bares durante todo el trayecto, con sus consecuentes 4 cervezas para el gaznate.

Gósol

Adéu poble (bar) del meu cor!

Empezamos a caminar después del desayuno, repitiendo el trayecto del GR-107 hasta que llegamos a Tuixent. En esta hermosa localidad, se encuentra el museo de las Trementinaires, actividad única y exclusiva del valle pirenaico de la Vansa y Tuixent, realizada mayormente por mujeres para complementarla economía doméstica de las familias de esta zona montañosa.

Josa de Cadí, por Melania Carrillo

Josa de Cadí, por Melania Carrillo

Las “trementinaires” se dedicaban a la venta ambulante de hierbas y remedios naturales (té de roca, corona de rey, serpilo, escabiosa, oreja de oso, mil hojas, pez, aceite de abeto, aceite de enebro y sobre todo la trementina, producto original que les daba nombre) que recogían y elaboraban ellas mismas.

Suponemos que nuestro amigo Guilhem, debió coincidir con alguna de estas simpáticas mozas que probablemente le recetó algún remedio para las ampollas de los pies, basado en grandes dosis de combustión de marihuana envuelta en papel de arroz; de ahí que el pobre muchacho se perdiera a partir de aquí, bien por seguir a un buey rosa a topos conducido por una mujer desnuda que se dirigía al Molino de Fórnols, bien por no querer compartir las hierbas para los pies con el resto de sus amigos.

La confusión de Guilhem

La confusión de Guilhem

A partir de aquí sólo nos queda bajar hacia el Molí, en un primer tramo por un bonito bosque de pino hasta llegar a la pista que nos lleva al final de la etapa, donde el punto de mayor interés lo pone el momento de curzar el río Mola, en el que nadie pesca (con lo bonito que habría quedado en el blog).

Aijoo...aijoo...

Aijoo…aijoo…

rio

Aquí es cuando nos llevamos el desengaño del día, pues pesos pesados del CER ya habíamos apalabrado una ración de callos en el bar de La Josa, cosa que se nos denegó tras ponernos el pimentón en los labios.

Ante tal crueldad por parte de aquel cuyo nombre no osamos pronunciar en voz alta, quiero dejar en estas líneas una velada advertencia: The North Remembers!

 

 

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